lunes, 31 de diciembre de 2012

La última del 2012, con mis mejores deseos

Con la camisa a medio abrochar, el jersey sobre la cama y la gomina por poner, ahora todo son prisas. Son momentos de correr de una habitación a la otra buscando un cinturón, el reloj o, en mi caso, recoger el boli de la insulina. Son momentos similares a los del resto de la gran mayoría de las personas que están preparándose para cenar en esta, la última noche del año.
 
Yo, a parte, lo hago con dos ideas en la cabeza que iban surgiendo mientras pensaba en que quería escribir este artículo. Una de ellas, el título de la entrada. Porque lo quería llamar 2012, un año de siembra. 2013, un año de recogida. O quizás llamarlo No hay número feo. O tal vez Al final no habrá sido un año tan malo... Porque eso me lleva directamente a la segunda idea que tenía en la cabeza; que no todo el mundo se prepara hoy para una gran cena. Para una gran noche. No señor.
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Una ración de dulzura e inocencia... por Navidad

El mes pasado escribí un artículo sobre la inocencia de los niños. A ver a ver... ¡Aquí está!
 
El caso es que se me hace muy difícil no contaros lo que sucedió hace un par de días, en una pequeña conversación entre mis dos amores. Lo que voy a transcribiros pasó de verdad. La cosa fue tal que así:

Mi peculiar cuento de Navidad

— ¡Si no paro ahora, voy a desmayarme! —gritó Ángela, ahogándose con su propia voz y agachándose para darle una tregua a sus piernas.
— ¡No podemos parar ahora! —contestó Raúl, desgañitándose a unos metros de distancia de ella— ¡No sabemos qué hacer! Y además… ¡ya has visto lo que le ha pasado al todoterreno!
— ¡Es lo de los mayas! ¡Lo de los mayas!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tan cerca... Tan lejos

Qué difícil de entender y qué duro de asimilar que aun teniéndola a su lado, ella no le notara consigo. Que no supiera que le tenía cerca, prácticamente pegado a su piel.
 
Desde el mismo momento en que notó la punzada en el costado entendió que la siguiente realidad iba a ser distinta a todo. No sintió ni siquiera cómo la hoja de acero se retorcía en sus pulmones. No dio tiempo a tanto. Directamente cayó al suelo, desprendiéndose de su mochila y bañando el suelo del vestuario de sangre. Inerte. Muerto.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Sabor Ilusión

Escuchando a Ray Lamontagne me sonrío y me imagino en breve babeando por tener a una criatura entre mis brazos.
 
Imagino escenas manidas de padre desastre hollywoodiense que no se aclara entre la leche en polvo y la crema hidratante. Me veo despertándome a horas intempestivas a ver cómo está la pequeña. Me imagino una pelotita arrugada que se despereza y mueve los deditos de los pies con una soltura que yo ya no tengo. Hago todo eso y me sorprendo sonriéndome, enamorado de esa cosita que aún no me conoce y que no sabe la que se le viene encima con este padre gruñón que persigue en todo la perfección, aún a sabiendas que no exista.
 
Estos meses están pasando muy rápido. Hace nada, unos meses, nos enterábamos de nuestro estado de buena esperanza. No nos lo creíamos, por fin había llegado el día y era algo tan bonito que se antojaba difícil de creer. Difícil de asimilar lo grande que eso iba a ser. Dar la noticia a los abuelos y a los tíos fue un paso precioso, porque por fin compartimos algo que llevamos tanto tiempo en secreto. ¡Qué digo en secreto, es que era casi un informe clasificado! Absolutamente nadie se lo esperaba y mira, ahí teníamos la noticia, rodeada de lágrimas, abrazos, sonrisas, tintineo de copas de cava e ilusión. Muchísima ilusión. Es cierto aquello que dicen que no hay nada más grande que traer un hijo al mundo. Ahora lo entiendo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Realidad paralela #2: Debiste dejarla en paz

He hecho pocas cosas en mi vida que se escapen de lo corriente. Por lo general, he sido un hombre sencillo y que no se ha salido de la línea que se supone debemos seguir en la vida para no acabar estropeándolo todo. Hasta ahora.
 
Estudié lo que mis padres me dejaron, trabajé lo que pude aguantar y desde que tuvimos aquél accidente, de la pensión no me sobra nada. Más bien me falta. Las ayudas pierden el significado de su nombre cuando se trata de criar a una niña entre tanto problema. Huérfana de madre desde los cinco y con un padre lisiado que no puede ni pagar el alquiler. De tanto malabar en el circo del dinero he olvidado lo que siente uno cuando se da un capricho.
 
Trabajo a escondidas para ella, pues es la única que me ilumina con la luz de su mirada, con sus risas y explicaciones. Con sus chorradas, que para mí son como cuentos maravillosos con los que me quedo embobado. Somos ella y yo, familia de dos, que compartimos a diario nuestras pequeñeces y las hacemos grandes sólo con la atención del otro. Ella tiene su mundo. Para mí, mi mundo es ella.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Historias verdaderas

Hace unos días, en la red social Facebook, publiqué una pequeña actualización de estado que decía algo así:


Y es verídico; llevaba dos semanas viendo a ese hombre apostado en la puerta de un garaje sin más compañía que la de una pancarta y una silla de madera.