martes, 29 de noviembre de 2016

Conversaciones con mi musa #13

—Parece que seas adicto a eso.

Me giré sobresaltado cuando ya me estaba terminando el sobre de Almax.

—¡Vaya! —dije sonriendo, con restos del jarabe todavía en la boca—, esto sí que es una sorpresa. Hace un montón que no nos vemos, Sara.

—Demasiado —confesó pensativa, apoyada en el marco de la puerta de la cocina—. ¿Qué ocurre?

—La acidez, que incordia un poco.

—No me refería a eso —me miró con esos ojos de hiena que le salen sin apenas esfuerzo—.

Se despegó del quicio de la puerta y comenzó a caminar por la cocina, que olía a lavavajillas y arena de gato perfumada. Acababa de fregar los platos y cambiar la arena de las gatas.

—No escribes —dijo mientras se paseaba con los brazos cruzados y centraba su atención en la tostadora, como buscando algo dentro.

—Es por el tiempo, Sara.

—¿Llueve? —se giró hacia mí— ¿Hace calor, quizás?

viernes, 25 de noviembre de 2016

En guardia

En ese momento, Shun se dio la vuelta.

Lo hizo en el mismo momento en que oyó partirse una caña de bambú. Sintió la amenaza y quiso afrontar lo desconocido de frente, sin pensar siquiera en lo que encontraría. Ni en lo que ocurriría después. Tan pronto como se giró, se quedó ciego. No fue durante mucho tiempo, pero tal fue la cantidad de luz que inundó su campo visual al mirar atrás, casi directamente al sol, que tuvo que agitar la cabeza, cerrar los ojos y levantarse del suelo para defenderse. Pasó de estar en éxtasis, relamiéndose con los ojos cerrados degustando una caña de azúcar recién partida a sentir repentinamente el palpito de su corazón en la lengua al triple de su ritmo cardíaco habitual.

Lo que pudo ver tras abrir los ojos escapaba a todo lo que conocía hasta ese día. Soltó la caña de azúcar, adoptó la posición de ataque y abrió ferozmente la boca, y al mismo tiempo que se preparaba para defenderse, quedó sensacionalmente impresionado por lo que tenía ante sí. Los ojos, abiertos de nuevo como platos. El aliento, falto en su garganta. El cuerpo, inmóvil, escapaba a su petición de ponerse en guardia. El miedo le hizo quedar petrificado mientras contemplaba tan desconocida figura.