viernes, 8 de noviembre de 2013

Montruosos #1

¡PLAM!

Tras el portazo, Ghul dejó de contener la respiración y descansó, soltando con fuerza una bocanada de aire fétido.

—Ya era hora —dijo mientras salía torpemente del armario, dejando tras de sí media docena de perchas bailarinas y varios bloques de LEGO desparramados—, ya pensaba que no se iban a ir nunca.

—Y da gracias a que la madre no ha abierto el armario —dijo Snoof, asomándose con cuidado por la ventana para comprobar que arrancaban el motor del coche.

—¿Dónde te has escondido tú?

Snoof miró al techo, sonriente.

—Oh, vaya… Lo has dejado todo perdido —lamentó Ghul—. Vamos a tener que limpiarlo antes de que vuelvan.

—¿Para qué? —preguntó la babosa— ¡Esta gente no mira nunca al techo! La madre ha estado dos minutos en el cuarto y no se ha dado cuenta de que estaba ahí arriba. ¡Estos humanos están tan acostumbrados a mirar hacia abajo que podría pasearme por los techos de toda la casa sin que me descubrieran!

En ese momento, un trozo de viscosa gelatina verde del tamaño de un paquete de tabaco cayó del techo impactando en la alfombra, justo en medio de los dos monstruos.

—Esto…

—Tío —dijo Ghul—, así no. Así no podemos hacerlo.

—¡Ya te dije que lo estoy mirando, compañero! ¡Estoy en ello!

—Casi nos cae un trozo tuyo encima —dijo Ghul, haciendo exageradas pausas entre cada palabra y pronunciando con especial énfasis la última:— tío.

—Sabes que se disuelve —dijo Snoof con actitud tranquilizadora—. ¡Sabes que acaba por desaparecer!

—¡Pero no en una alfombra, animal!

Ambos se dieron cuenta de la situación tan surrealista que estaban protagonizando. Una pareja de monstruos formada por un gorila rojo con cuernos y una babosa verde con tres ojos estaba discutiendo sobre las manchas que estaban dejando en la habitación de un niño.

—En fin… —dijo Ghul, sentándose en la cama—, ¿cuál es el plan?

—Lo primero es encontrar la salida —respondió la babosa—. Luego ya hablaremos de las bombas.

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