miércoles, 7 de diciembre de 2016

Me das bastante pereza

Es que tengo que decírtelo así. Lo siento.

Ha llegado un punto en el que ya ni siquiera me va eso de acercarme a ti. Si no fuera porque de vez en cuando tengo necesidad, ni siquiera te miraría. Y no es que lo diga con acritud, no me mal interpretes; las cosas han sido así siempre. Lo que ocurre es que con el tiempo, una se va acomodando y únicamente se baja del trono cuando es realmente necesario y hasta vital. No me va lo de rebajarme al nivel de los demás, ya me conoces.

Siempre te he considerado mío, al igual que yo soy tuya (lo cortés no quita lo valiente), pero ya sabes, me agobian las relaciones pastelosas. Cómo decírtelo... No me gustan las lapas.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Una derrota regeneradora

Perdimos, pero ganamos.

Todo aquél día fue diferente. Desde las ganas de pisar la pista y el ansia por jugar a la agradable sensación post-partido. Un momento en que te sientes tan cansado como contento. Tan callado como radiante. Apenado por la derrota, pero sumido en la felicidad de un grupo que, todos a una, vivieron un momento de comunión y compromiso con el compañero que hacía semanas no experimentaban.

Perdimos. No pudimos ante Goliat. Apenas tuvimos opción de responder y a quien le digas el resultado te dirá que fue un repaso. Que fue un meneo. Que mordimos el polvo.

Quizás fue que ya llegamos con el chip cambiado, con la mentalidad de ir a disfrutar en lugar de salir a ganar. Con la certidumbre de que íbamos a jugar como mínimo cien puntos y que nos merecíamos un ratito de alegría, de compañerismo, y que íbamos a disfrutar. Jugar a voleibol sin aspavientos. Celebrar que heríamos a Goliat, aunque nos ganase finalmente.

martes, 29 de noviembre de 2016

Conversaciones con mi musa #13

—Parece que seas adicto a eso.

Me giré sobresaltado cuando ya me estaba terminando el sobre de Almax.

—¡Vaya! —dije sonriendo, con restos del jarabe todavía en la boca—, esto sí que es una sorpresa. Hace un montón que no nos vemos, Sara.

—Demasiado —confesó pensativa, apoyada en el marco de la puerta de la cocina—. ¿Qué ocurre?

—La acidez, que incordia un poco.

—No me refería a eso —me miró con esos ojos de hiena que le salen sin apenas esfuerzo—.

Se despegó del quicio de la puerta y comenzó a caminar por la cocina, que olía a lavavajillas y arena de gato perfumada. Acababa de fregar los platos y cambiar la arena de las gatas.

—No escribes —dijo mientras se paseaba con los brazos cruzados y centraba su atención en la tostadora, como buscando algo dentro.

—Es por el tiempo, Sara.

—¿Llueve? —se giró hacia mí— ¿Hace calor, quizás?

viernes, 25 de noviembre de 2016

En guardia

En ese momento, Shun se dio la vuelta.

Lo hizo en el mismo momento en que oyó partirse una caña de bambú. Sintió la amenaza y quiso afrontar lo desconocido de frente, sin pensar siquiera en lo que encontraría. Ni en lo que ocurriría después. Tan pronto como se giró, se quedó ciego. No fue durante mucho tiempo, pero tal fue la cantidad de luz que inundó su campo visual al mirar atrás, casi directamente al sol, que tuvo que agitar la cabeza, cerrar los ojos y levantarse del suelo para defenderse. Pasó de estar en éxtasis, relamiéndose con los ojos cerrados degustando una caña de azúcar recién partida a sentir repentinamente el palpito de su corazón en la lengua al triple de su ritmo cardíaco habitual.

Lo que pudo ver tras abrir los ojos escapaba a todo lo que conocía hasta ese día. Soltó la caña de azúcar, adoptó la posición de ataque y abrió ferozmente la boca, y al mismo tiempo que se preparaba para defenderse, quedó sensacionalmente impresionado por lo que tenía ante sí. Los ojos, abiertos de nuevo como platos. El aliento, falto en su garganta. El cuerpo, inmóvil, escapaba a su petición de ponerse en guardia. El miedo le hizo quedar petrificado mientras contemplaba tan desconocida figura.

martes, 9 de septiembre de 2014

¿Por qué los lectores, científicamente, son las mejores personas de las que te puedes enamorar?

Sé que tengo el blog abandonado, sumido en el más profundo y real de los olvidos, pero no he podido dejar pasar la oportunidad de copiaros este texto, extraído de Acción Preferente (www.accionpreferente.com).

El caso es que si algún día necesito buscar dicho texto, quiero tenerlo lo más a mano posible, dejando lejos la posibilidad de perderlo. Os dejo con él, porque es toda una delicia:

viernes, 8 de noviembre de 2013

Montruosos #1

¡PLAM!

Tras el portazo, Ghul dejó de contener la respiración y descansó, soltando con fuerza una bocanada de aire fétido.

—Ya era hora —dijo mientras salía torpemente del armario, dejando tras de sí media docena de perchas bailarinas y varios bloques de LEGO desparramados—, ya pensaba que no se iban a ir nunca.

—Y da gracias a que la madre no ha abierto el armario —dijo Snoof, asomándose con cuidado por la ventana para comprobar que arrancaban el motor del coche.

—¿Dónde te has escondido tú?

miércoles, 17 de julio de 2013

Conversaciones con mi musa #12

Una voz me llegó desde el sofá.

—No te viene nada a la mente, eh…

—Hola Sara —contesté—. Nada de nada.

—Ya —dijo resignada—. Suele pasar. La temida hoja en blanco. Ese temor nace dentro de vosotros como en su día os nació el placer por escribir. Le pasaba a muchos de los escritores que acompañé hace tiempo, así que no te preocupes que es normal.

—¿En serio? —pregunté, girándome para verla.

Estaba sentada con las piernas cruzadas y sostenía en sus manos un pequeño estuche de tela que contenía pequeños tarros de cristal.

jueves, 4 de julio de 2013

Bienvenida a OnisFone

Aquella mañana me dije: “Hoy sí. Te vas a comer el mundo”.

Salí de casa decidida a hacer mi trabajo y a pensar en que mejor o peor, aquél nuevo puesto aliviaría mi bolsillo a final de mes. Sabía lo difícil que iba a ser, la de críticas que me iban a caer y lo incómodo que resultaría para una persona el atenderme como es debido. Pero seamos pragmáticos; es un trabajo. Tan honrado como cualquier otro.

Llegué a mi habitáculo y encendí el terminal. Recogí las órdenes, taché el día en el calendario y me serví un café de la máquina. Igual que ayer: el aire acondicionado a tope y el café ardiendo.

Me ajusté los auriculares y al fin, con el guion preparado, pulsé el temido botón rojo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Conversaciones con mi musa #11

Estaba cabizbajo, con los ojos cerrados y los dedos dispuestos sobre el teclado. Pensando en la siguiente frase que diría la protagonista de la escena.

—Hola —solté al aire, de repente.

—¡Guau!.. —exclamó Sara— ¡No me lo puedo creer! 

Sonreí, pero no abrí los ojos. Quería agotar ese recurso finito de inspiración antes de girarme y hablar de nuevo con ella.

—Te veo liado… —insistió.

Pero no le hice caso. Estaba a punto de dar con la frase definitiva para cerrar la escena. Aprisioné los labios entre los dientes y fruncí el ceño en un intento de concentración e inspiración máxima. Cuando creí tenerla, al fin, murmullé la frase:

—«Nunca dejaré de perseguirte. Jamás podrás escapar de mí».

martes, 11 de junio de 2013

¡Tercer (y último) artículo en El Tiramilla!

¿Último? Pues sí. El último.

No lo encontraréis en la web. De hecho, no encontraréis nada mío en ella. Lo ha borrado todo. No ha quedado ni rastro de mi paso por el diario. Es lo que pasa, supongo, cuando quien dirige el cotarro no tiene otra forma de diálogo que la del botón ELIMINAR cuando no le gusta lo que le dicen. Dar la patada sin opción a réplica, pulverizando cualquier posibilidad que tuvieras de entender de qué va el asunto o despedirte de tus compañeros. Borrándote del proyecto como si jamás hubieras existido.

Eso es lo que ha pasado, pero no merece la pena dar más detalles. Ha sido una época cortita, pero emocionante. Participar en un proyecto como DET me ha enseñado muchas cosas y me ha permitido conocer a personas estupendas. A esa gente, sinceramente, les deseo lo mejor.

¡Y bueno! Aquí os dejo el artículo que publiqué y duró apenas unas horas. Espero que os guste.

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